El comienzo de este artículo data del año 95 para conocer un poco mejor, la historia de un Hongo el Agaricus Bisporus, en nuestro pueblo.
Pedro Gil Merino, lo escribió en ese año, aportando datos que casi nadie sabía, salvo su familia y los cuatro allegados.
Este año, sin tener mucho recuerdo de aquel escrito, se valoró de forma positiva el hacer este nuevo reportaje y dar la importancia que tiene la historia de aquellos que comenzaron el negocio que ha hecho rico y próspero a Pradejón.
Siendo Gil Merino el conocedor de tantos datos, ha sido el artífice de estas letras con mi pequeñita ayuda que viene avalada desde la reunión mantenida con tres champiñoneros de altura por su gran experiencia: David “el chivino”, Angel Mués y Julio Simón.
Cuando uno comienza a explicar batallitas y cuando pasó aquel año, eran otros tiempos, ahora es todo mejor, etc, etc... es señal de que nos vamos haciendo mayores y solemos exagerar los acontecimientos. No obstante, en mi modesta investigación, experiencia (por ser uno de los “conos”) y tener la suerte de que me contaran ciertos hechos, he podido llegar a las siguientes conclusiones. Supongo que no son únicas ni las mas perfectas, pero yo las relataré así.
La historia tiene tres fases.
En el siglo XVII ya se cultivaba en Francia esta seta doméstica y era un alimento de lujo. A principios del siglo pasado, tres pradejoneros se aventuran en la búsqueda de “El Dorado”, y allí fueron a por el Agaricus Bisporus. Eran el médico titular Don Esteban Prieto, el Boticario Don Alberto Bardeustenes y el Sr. Mario Cedrón. Era el año 1915 y quisieron traer las semillas del preciado hongo para su estudio. Así lo hicieron, lo cultivaron en unas barquillas de su casa, comieron el primer Champiñón de Pradejón y fueron felices con su hallazgo. De esta manera me lo contaba Benito Cedrón en junio de 1995. Este hecho no se puede constatar después de tantos años y además ellos tampoco quisieron propagarlo a los cuatro vientos porque sólo fue un experimento causal.
Treinta y cinco años más tarde los hermanos, Gil Merino (“Los Conos') atraídos por la propaganda que hallaron en una revista: 'Cultive champiñones en un caldero, bajo su cama, etc. etc... Haga su pedido en la calle enamorados 23 de Barcelona” Les enviaron contra reembolso una botella de semilla, fue el año 1954. Durante los tres primeros años pidieron mas botellas e hicieron las fermentaciones en su bodega del barrio Cuchara. Esta aún existe y habría que conservarla de monumento. Los cuatro años siguientes enseñaron y ayudaron en este arte a cuantos quisieron aprender. Muchos prestaron sus bodegas de vino a los "Conos'; como Antonio el Bergaseño, Ferminazo, así como once vecinos más. Balbino el Zaburriano experimentó en unas bodega más grande en la Casa del Rey. Estos años ya se tocó algún dinero del producto. En el año 57 se inundaron todas las bodegas y fue la ruina. En el 58 dejaron las pequeñas bodegas y se concentraron en la planta baja del Izquierdo en la calle Cantón. Les fue bastante bien. En 1960 tras comprar el estiércol en Estella, en Guadalajara y en otras cuadras grandes de caballerías, las inundaciones y las heladas acabaron con la cosecha. Sin calefacción, sin caños, sin maquinaria, sin infraestructuras y sin dinero era imposible obtener beneficio.
En estos años posteriores "Gelo El Churruca" afronta con mucho valor la construcción de las primeras bodegas. Eran obreros y querían algo más. Tenía mucho que perder, pero también mucho que ganar. Hubo quién le prestó dinero y ahí comenzaron la primera andadura entre los caños de champiñón. Les siguieron cuatro años más tarde Chuchín Vicioso y Ángel Mués. Chuchín con una buena infraestructura y con la comodidad de una inversión más fácil. Dos años después "los Popeyes", más tarde los “Gaezgu", Carmelo Navas, Jimechamp, Julio Simón y así una larga lista de hombres arriesgados. Por su condición de gente sin mucho dinero merecía la pena intentarlo.
En los años 75-80 estaba en pleno auge y mucha gente probó, aunque bastantes lo dejaron.
Era muy duro, demasiada inversión y beneficios inciertos, porque ya se empezaban a oír augurio negativos en el precio. Los que siguieron trabajan de sol a sol o mejor dicho de luna a luna, sobrevivieron y triunfaron (cuentan haber trabajado hasta 18 horas muchos días).
Un ejemplo de osadía fue David “Chivino”, en tres años hizo 27 bodegas. Entonces los obreros cobraban 75 Pts. al día. En un año pagó sus primeras 11 bodegas y pudo hacer otras tantas. Eso si, su mujer, hijos, fiestas, noches, días, “allí ayudaba hasta el perro”.
Han pasado casi 50 años y los cambios han sido paulatinos, la mecanización, la mejora de temperaturas, los pabellones,... La demanda de este hongo ha hecho posible una gran ampliación del sector y gracias a la mano de obra de que se dispone (la mayoría extranjeros) y a la rentabilidad del producto, se sigue aumentando el número de bodegas, de kilos y variedades de champiñón.
Los planteamientos productivos ya no son lo que eran, todo avanza, se mecaniza y todo se pone al servicio de este hongo tan fructífero.
Una de las mejoras más importantes han sido la creación de las Plantas de Compostaje que se van realizando año tras año: Champra, Iberchamp, Cantarroyuela, y Jimechamp (cultivo propio) de champiñón, y Agruset de Setas.
No hace muchos años, el compost tenía un proceso natural, a base de albiendo y paciencia, muy poco fiable y con dependencia total de la climatología. Hoy las plantas de compost han incorporado el sistema INDOR, que a través de tuneles mecaniza el sistema del ciemo para mantenerlo en condiciones favorables de humedad, temperatura, etc... Este sistema garantiza por un lado un compost apropiado y por otro un rendimiento mayor en menor tiempo. (lo que ayer eran 90 días hoy se adelanta a 70, la realización del saco para producción). Esto supone un aumento del número de sacos que se meten en cada bodega por año.
También cada propietario intenta ir introduciendo mecanización en su empresa. Sabe que la inversión es costosa, pero rentable. Los sacos se ponen en paléts metálicos de cuatro alturas para facilitar la salida y entrada de los mismos a través de un toro. El ordenador, va siendo una herramienta a tener muy en cuenta, ya son varios los que optan por tener un control mecanizado en el proceso del cultivo: temperatura del aire, del saco, el CO2. El sistema de aire acondicionado es otro reto en el proceso, incluso variedades de invierno se pueden cultivar en verano.
Quizás el único trabajo que sigue invariable desde sus comienzos sea la recolección. Pradejón, de momento no prescinde de su mano de obra humana, todavía es reacio a introducir una inversión tan enorme en lo que supondría un robot que cosechara el hongo Agaricus.
Los hay, que con muy buen criterio, piensan en el marketing como forma de potenciar el consumo, pues la exportación es la principal fuente de ingresos y no estaría de más, comer un poquito champiñón al día en nuestro país. Para eso la publicidad hace muy buen papel.
De todas las maneras que sean, nuestros champiñoneros seguirán haciendo todo lo posible para meterlo en nuestras casas.
Como dato extraoficial decir que desde este pueblo salen al año unos 25 millones de kilos, cifra nada despreciable ¿no?.